Solitude

Solitude

sábado, 18 de junio de 2011

Poniendo primera

Antes de arrancar, me gustaría aclarar que no pienso que todo es una mierda. Para nada. De ninguna manera. No pienso eso en absoluto. Sólo lo vivo y lo compruebo a diario.

Claro está que al decir “todo” estoy cometiendo una evidente generalización y le meto una carga de negatividad y desvalorización a todas las cosas, tanto las tangibles como las que no. Es decir, nada queda a salvo porque nada es bueno o vale la pena. Entonces, si tomara como cierta esa idea que sostiene que cuando nos morimos nos llevamos nuestras cosas a otro mundo, mi mudanza estaría organizada por decenas de canastos iguales, y todos con un cartel pegado que diría “MIERDA”, escrito con indeleble.

Y si mantenemos el hilo de las suposiciones, también sería un problema elegir qué cosas llevar y cuáles no en ese cambio de residencia imaginario al que nos sometería la señora de calavera y guadaña. Una disyuntiva que nos retrotrae a la palabra madre (“mierda”, por si no se entendió) y sobre la cual girarán todas nuestras preguntas y respuestas. Porque si todo lo que tengo es lo que es, cuál es la joda de llevarlo a otro lado ?

Por eso es bueno saber diferenciar; separar la paja del trigo y los originales de los duplicados. Puede que la realidad nos aplaste como liendres y, absortos ante el desastre que vemos quedamos enceguecidos ante cualquier expresión del bien. Pero aunque así fuera, deberíamos tener el temple y la claridad para no rendirnos al desánimo y permitirnos el disfrute (iba a poner “goce”, pero queda medio erótico de viejo alzado).

Al que leyó hasta acá y no entró al Olé al mismo tiempo que le decía al monitor “sos un pelotudo, dejá el vino …”, además de agradecerle el gesto, lo imagino desconcertado. Porque no está clara mi postura: siempre hay algo mejor o todo será peor ? Pesa más lo malo o lo bueno ? Vence el “Dale que sale !” ó el “Dejá, ya fue …” ?  

Y mientras pensaba más figuras contrapuestas para llenar con boludeces algo que está más que claro, me daba cuenta que siempre se te va a ocurrir una antinomia. Más en este país, donde todo tiene su opuesto y donde siempre hay alguien que te supera. Vos decís “me operaron de apendicitis” y fija que te salta alguno que te tira “eso no es nada: a mí me operaron 4 veces a corazón abierto en un fin de semana”. Nunca pude terminar de entender ese fenómeno, que no obedece a clases sociales, ideologías, cosmogonías ni orientaciones sexuales. Acá está plagado de gente mejor que uno (y mucho mejor que el otro, imaginate …). Porque por más que traigas a la conversación un ejemplo a seguir, resulta que habrá otro que te va a refregar un caso mil veces más importante, relevante y conmovedor. Todo para que tu participación en el diálogo se vea reducida a un comentario plausible de calificarse como “gilada” dicho por un infeliz que vive en una panera y que tiene menos idea de la vida que Tobías Blanco, cuando en realidad uno lo hizo pensando en aportar una referencia ligada al tema que versaba en el momento. Pero el iluminado que está de vuelta en todo reduce nuestra intervención (y nuestra estima) a la misma valía que el material descartable. Así son las cosas en nuestro país, con gran parte de nuestra gente. Sé que saben que esto es real, y el que no lo sabe lo imagina. Y el que no lo sabe ni lo imagina, bueh … es un Tobías Blanco.

Lo bueno es que a partir de ahora y después de lo leído, cuando alguien les venga a decir “el otro día leí el blog de un amigo, no sabés que mierda que es !”, Uds tendrán la magnífica e irrepetible oportunidad de apagar las luces de la sala, que el seguidor caiga en el medio del escenario iluminando completamente su figura erguida, para espetar displicentemente un …
      
“vos porque no leíste el de MI amigo …”

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